Carles Rios Fernandez-Pacheco

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La hora de preocuparse



¿Quién no ha tenido preocupaciones en algún momento? ¿Quién no tiene alguna preocupación ahora mismo?

Tenemos una cierta facilidad en pensar en todo aquello que puede salir mal, aunque tengamos la experiencia de que la inmensa mayoría de desastres que anticipamos nunca llegan a producirse.

Al hombre primitivo que fácilmente podía ser devorado por un depredador le podía ser útil anticipar este acontecimiento, y esa respuesta era adaptativa en su entorno, pero seguramente ya no lo es en nuestro entorno actual.

Otro motivo por el que nos preocupamos es porque nos da la sensación de que, haciéndolo, somos agentes activos en la resolución de ese problema.

Y damos vueltas y más vueltas a cosas que, en muchas ocasiones, están fuera de nuestra zona de control, o sea, que no dependen de nosotros.

Lo que facilita que aparezcan estos pensamientos intrusivos (no pensamos en ellos voluntariamente, aparecen sin pedir permiso) es el estado emocional en el que nos encontramos. Intentamos aplacar una cierta angustia, pero el resultado es que nuestro estado emocional termina peor que antes, afectando, por supuesto, a nuestro bienestar.

Nos dirás que es imposible dejar de preocuparnos, y seguramente estarás en lo cierto, ya que, si la evolución ha grabado esta forma de actuar para garantizar nuestra supervivencia, va a ser difícil evitarlo totalmente.

Lo que si podemos decidir es el “cuando” preocuparnos.

Y tenemos una herramienta que funciona, a la que llamamos “la hora de preocuparse”.

¿Qué podemos hacer?

Vamos a marcarnos una hora al día que vamos a destinar a pensar en esos temas que nos preocupan. Una hora que no sea demasiado cercana a la hora de acostarnos, para no interferir negativamente en nuestro sueño.

Por ejemplo, nos podemos decir que dedicaremos media hora a partir de las siete de la tarde para preocuparnos.

No nos sirve, cuando nos asalta un pensamiento intrusivo, decir que no vamos a pensar en ello.

¿Qué ocurre si nos decimos que no queremos pensar en un coche rojo?, pues eso…

Lo que nos sirve es aceptar el pensamiento y decirle que sí, que pensaremos en ello, pero a partir de las siete de la tarde.

Es posible que a esa hora ya ni nos apetezca…

Te invitamos a ponerlo en práctica y de esta forma aumentar tu nivel de bienestar y a comentarnos el resultado.

Te deseamos un feliz día

Carles y Patricia

EBINTE, Escuela de Bienestar Integral


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